En el corregimiento de Arboleda, municipio de Pensilvania (Caldas), se llevó a cabo un emotivo homenaje al cumplirse 25 años del ataque guerrillero ocurrido el 29 de julio del 2000, donde fueron asesinados 14 policías y tres civiles, y uno de los uniformados permanece desaparecido.
El acto se realizó en la institución educativa Pablo VI y fue liderado por la coronel Liliana Andrea Jiménez Falla, comandante del Departamento de Policía Caldas, acompañada por autoridades civiles, familiares, sobrevivientes y comunidad.

En su intervención, la coronel Jiménez afirmó: “Nos convoca el deber sagrado de no olvidar. No murieron en vano: su sacrificio es hoy semilla de esperanza”. Además, destacó la presencia de sobrevivientes como Hugo Fernando Grajales Valencia, Jhon Jairo Vargas, Nicolás Ramírez y Mario Grajales, considerados símbolos de resistencia.
Lo que pasó aquel julio de 2000
El ataque fue ejecutado por cerca de 300 a 500 guerrilleros de los frentes 9 y 47 de las Farc, reforzados por el Bloque José María Córdoba bajo el mando de alias ‘Karina’. Durante cerca de 27 horas, al menos el 80 % del centro poblado fue destruido con cilindros bomba, ráfagas de fusil, disparos indiscriminados y hasta una volqueta cargada con explosivos detonada a las 2 a.m.
Entre las víctimas, además de los uniformados, fallecieron civiles como el líder comunal Alirio Ballesteros. Al menos uno más, el agente Luis Fernando Ramírez Castro, permanece desaparecido. Historias que aún laten en los recuerdos de familiares y sobrevivientes.
Memoria y pedido de justicia
Familiares y veteranos han reclamado coherencia institucional y reparación. En 2009, alias ‘Karina’ fue condenada a 33 años de prisión. Otros guerrilleros implicados, como ‘Santiago’ y ‘El Paisa’, recibieron condenas respectivas de 41 y 50 años. Los tribunales ordenaron también indemnizaciones por omisiones estatales en la respuesta inmediata.
Hoy, el Concejo, comunidades y autoridades piden reforzar la presencia institucional en estos territorios, no solo como memoria simbólica, sino como compromiso de no repetición.
Una ceremonia con propósito y territorio
A diferencia de años anteriores, esta conmemoración se realizó en el mismo Arboleda—no en despachos oficiales—cumpliendo la solicitud de los propios familiares y veteranos para recuperar el lugar del suceso. Incluyó reconocimientos a las familias, conversatorios con la comunidad y actos simbólicos que buscan fortalecer el tejido social desde la memoria.
Este es un relato que va más allá de los hechos: señala la fuerza de la memoria colectiva, el deber ético de reconocer el dolor y el compromiso con prevenir nuevas tragedias.
¿Consideras que estos actos en sitio son clave para sanar heridas en otras regiones afectadas por el conflicto?