La paciencia de cientos de conductores, motociclistas y peatones que a diario cruzan entre La Dorada (Caldas) y Puerto Salgar (Cundinamarca) está llegando a su límite. Las obras de mantenimiento del Puente Ferroatlántico, a cargo de la Unión Temporal Puentes INVÍAS ALC, siguen acumulando retrasos, mientras la movilidad se hace cada vez más caótica y peligrosa.
El contrato, adjudicado por más de 1.700 millones, debía ejecutarse en seis meses, pero hasta ahora la firma constructora no da explicaciones claras sobre las demoras ni ofrece soluciones para aliviar el tráfico, que solo se está manejando por un carril con pasos alternos cada 15 minutos. Esta restricción ha provocado embotellamientos que se prolongan por horas, afectando a quienes se movilizan a pie o en moto bajo temperaturas que superan los 37 grados.
La comunidad ya no aguanta más. La situación se volvió crítica tras la muerte de una mujer, hace unas semanas, arrollada por un camión que, según testigos, no respetó la señal de ‘ceda el paso’. El temor y la frustración han llevado a los habitantes a convocar una manifestación pacífica y un plantón sobre el puente en las próximas horas, exigiendo respuestas y medidas inmediatas para prevenir más tragedias.
A este panorama se suma una nueva restricción: desde este 9 de julio, el paso peatonal quedará cerrado durante dos meses, lo que afectará a decenas de trabajadores y familias que cruzan a diario entre ambos municipios.
Pese a la falta de garantías, se resalta la labor de los guardas de tránsito de La Dorada, quienes hacen lo posible por organizar el flujo vehicular en la rotonda de acceso al puente. Sin embargo, la magnitud del trancón supera su capacidad, generando más desesperación en horas pico.
Hasta el momento, la firma contratista no se ha pronunciado públicamente, mientras la comunidad reclama un cronograma claro y medidas que mitiguen los traumatismos. Para los vecinos de esta región estratégica, el Puente Ferroatlántico es mucho más que una estructura: es la arteria que une familias, trabajos y sueños que hoy se ven atrapados entre retrasos, calor sofocante y la incertidumbre de no saber cuándo se entregará la obra.